Hernán Barcos es el jugador más indescifrable del torneo. Legitima la teoría del salvador.
Mantiene esa capacidad para atacar los claros o para encarar en inferioridad contra una defensa entera.
No perdona un mal día del contendor. Nunca el virtuoso solitario y la jugada aislada serán mejores que el funcionamiento colectivo. Hernán Barcos ha ido contra las pautas tradicionales, cautivado por los misterios de este juego. Su registro es fútbol desde la creatividad, el que tiene más que ver con la espontaneidad, el que se teje gambeteando rivales.
El talento depende de la inspiración. La clave está en pensar rápido. “El Pirata” es mortífero en espacios abiertos. Puede desatar una tormenta de remates en cualquier instante. En fútbol la estética y la eficacia suelen ir de la mano.
Anda por la periferia y en el área –sector exclusivo donde la ley futbolera protege a un atacante- junta energías no solo para hacer goles también se desgasta en retrocesos defensivos. Acompaña en la recuperación y es factor sorpresa en llegada.
El balón es lo que une a Liga por convicción y por estrategia. Pablo Repetto no cierra el partido poniendo un vagón de hombres dentro de su área.
Cierra el partido tratando de meter más goles que el rival. Hernán Barcos tiene una ventaja: gana casi siempre y aprovecha el mito de su magia.
No se quita el balón de encima. Buen cabeceador y más hábil de lo que anuncia. Siempre ambiciona más porque una de las particulares de los grandes jugadores es sentirse en deuda. La eficacia no se elige, hay partidos donde se llega ocho veces al arco sin embocar, y el rival con una le alcanza y anota.
La eficacia es un acierto individual, donde Barcos de juego lúdico y espontaneo en calidad de estrella se roba el show.
AB. ROBERTO BONAFONT - @RobertoBonafont
COLUMNISTA
