viernes, 26 de junio de 2015

Almada trae orden y esfuerzo colectivo.


La distancia máxima a recorrer por un jugador debe ser de 15 metros; todo es cuestión de líneas; al aguantar el espacio entre si, el equipo está equilibrado. 
Si se consigue condicionar la gestación del juego adversario, sino se le da tiempo, ni claros al rival, difícilmente podrá superar a la defensa. Hacer el campo pequeño cerca del balón y, en esa medida, el uso del principio de basculación defensiva. 
La realidad es una sola, los puntos de vista son infinitos. La crítica es el arte de encontrar razones para corregir. Almada recibe un equipo sin brújula y sin Alemán.
En muchos partidos los jugadores canarios limitaron su visión de juego hacia el balón, siguiendo su recorrido de jugador a jugador esperando que llegue su momento, eso debilitó la capacidad de un posible anticipo al juego. 
Faltó la visión periférica: mirar la pelota, a los compañeros y a los adversarios.
Barcelona debe mejorar la velocidad: priorizar el pase desde el inicio en la construcción del juego; los talentos deben recibir el balón en las mejores condiciones para jugarlo en el menor tiempo posible y mejorar la asistencia que llega.

Organización y orden: el orden se logra con balón, sin balón como mucho se estará organizado. Los grandes ganadores son menos cuando miran demasiado a su portería.
Cuando el equipo no consigue hacer bloque cerrado, termina por ofrecer espacios entre líneas; porque la del medio no marca. El triángulo de la medular debe acortarse para defender y aumentarse para atacar ( medio centro y dos interiores). Cerrar las líneas de pase no implica presionar al rival sino estar predispuesto para cortar las líneas de circulación del balón.

Ismael es un jugador que desde cualquier ángulo produce asombro (la última joya de la vieja corona). Velocidad alucinante e idea de juego definida. Está mal asistido. Blanco hace desmarque de apoyo, llegada al área. Desmarque de ruptura y finalización en diagonal hacia adentro desde la izquierda y con tiro de derecha. Recibe por dentro a espaldas del cinco y centrales. Juego de pared en la banda y centro cerrado. Desmarque, control y elección. No se esconde detrás del central más alejado del balón. Enlaza secuencias de movimientos profundos. Se abre, se orienta para el remate y finaliza, no más de dos toques. Control y tiro. Su físico le permite ser línea de presión, apretar a los centrales, impedir que jueguen libres, y con ello da oportunidad a su equipo para subir las líneas. Si un táctico no tiene coraje de hacer lo que cree justo pierde antes de jugar. Almada llegó a Barcelona, donde la excusa no está permitida. Los mejores equipos del entrenador uruguayo han jugado un fútbol total: triángulos de posesión del balón. Rombo de inicio, centrales abiertos y dos vértices; estructura en campo propio. Salida con dos o tres jugadores en función de la presión del adversario. Extremos, más los movimientos del enganche, aseguraban posesión y amenaza. Los demás jugaban en profundidad. Su desafío pasa por darle flexibilidad y fibra a un Barcelona que juega demasiado atrás, con líneas separadas y espacios muertos.

AB. ROBERTO BONAFONT - @RobertoBonafont
COLUMNISTA