sábado, 20 de diciembre de 2014

Se alarga el suspenso.


Emelec es uno contra uno; presión y atacar desde el anticipo. Mucha densidad y poco espacio para que el juego rival pierda velocidad. No le interesa tener más tiempo la pelota, sino acelerar la jugada, pase vertical en velocidad. 

Cuando el extremo diestro presiona a su oponente por la orilla; Giménez cierra a la altura de Pedro Quiñónez, y hacia adentro, hacia el eje. Burbano crea desmarque de ruptura:  sobrepasa la posición de Miller en posesión del balón para profundizar. Lastra  gana a Alex Bolaños, irreverente. Naváez apoya y devuelve el balón desnivelante. Lastra combina con Miller (inspirado y genial) la asistencia de rastrón para Ángel Mena de remate despiadado y gol. La jugada parece hecha por ocho pies manejados por un solo cerebro. 

Varias estrategias dentro de una misma maniobra con cruces simultáneos, y toques de precisión milimétrica. La marca no encuentra la vuelta.

Cuando hay más triángulos en el método de Quinteros todo se hace más fácil; 
los jugadores está en posición. Juegan cerca unos de otros, el campo no queda tan grande. Las zonas están mejor divididas. 

Barcelona con Ely y Jackson Quiñónez, toca corto. El pase vertical no es un pase de riesgo porque se va a tener a los jugadores por detrás del balón. La pelota larga es un pase a dividir. En segundo acto el canario utiliza ataques directos y ataques combinados. 

Ely se encuentra con un balón rebotado y lo somete a su voluntad. Lo pone en la cabeza de Nazareno que peina y Blanco  aparece como un faro en medio de la tormenta, un madero en el naufragio. Un ariete con nombre de gol.

Ab. Roberto Bonafont - @RobertoBonafont
COLUMNISTA