viernes, 29 de abril de 2016

Los grandes talentos nunca quieren paz.

   

Fernando Gaibor (Emelec) : su presión llega  antes de que el receptor pueda perfilarse con la pelota. Intuición para cortar aquí y allá; coraje para poner el cuerpo a cada embate; el criterio para interrumpir la maniobra adversaria y sobre el mismo corte iniciar la propia. Sin equivocarse. Para que la posesión del balón sea eficaz, varía con frecuencia la zona en que se realiza recurriendo a los cambios de juego: la posesión, atrae adversarios a la zona del balón liberando otras áreas donde Fernando Gaibor prepara la acción ofensiva. Gran factor de repunte, sin abrir dudas. Modalidad de pelota al pie, de entrega corta, de paredes calibradas. Capaz de ir, volver, tirarse a la orilla derecha, cruzarse a la izquierda, pisar el área contraria y a los siete segundos estar quitando una pelota al lado de su arquero.
Una cintura con inspiración, que resuelve donde no hay espacio, donde apenas queda un metro transitable. Como la posesión del balón está vinculada al desmarque, necesita un movimiento simultáneo sin pelota con Burbano, Mena, Giménez y Stracqualursi. Puede aclarar cualquier situación en la posición más comprometida.
Pique, desborde y una condición tal vez la más destacada, para sacar el remate sobre el mismo ritmo de marcha. Talento regulador para dosificar la locura de la pelota.
Alex Bolaños (Santa Ana de Recife)  está en la maniobra de arranque en la prolongación y en el final de la gestación. Intuitivo, con exacta medida del valor de la pelota y de la utilización del claro. Gradúa la espera y el cruce. Parece que la pelota lo busca. Se juega en la entrada personal. Mueve la aguja táctica. 
Tapando el pase hacia adentro es crack. Decididamente está para desenredar la jugada. Frialdad para evaluar peligros y resolverlos. Permite que el partido le genere nuevas ideas y las incorpora a su método. Es reaseguro defensivo. 
Va al frente con vigor, con un temperamento que no arruga frente al intento de ablandamiento psicológico del rival. Nunca llega al aflojamiento muscular, a la disputa pálida o gris de pelota, a la concesión de ventajas innecesarias, cuando el adversario quiere copar la situación en base a fibra. Tiene fuerza para cruzarse cuando el avance viene del otro lado. Porque el fútbol es el arte de lo imprevisto. Lo suyo no es espejismo de calidad, es calidad.

AB. ROBERTO BONAFONT - @RobertoBonafont
COLUMNISTA