viernes, 2 de enero de 2015

La propuesta.


Gustavo Quinteros no deja nada al azar. El azar influye, pero es imprevisible. A veces juega a favor y otras en contra. No se puede confiar de su ayuda. La apuesta del entrenador es presionar para no ser presionado.

Juntar las líneas al máximo, acumulando jugadores en la zona central, hasta dejar inactivo ese espacio donde finalizan las diagonales los extremos oponentes y el nueve de área. Para que no se desordene la memoria táctica Quinteros pide a sus  jugadores: que jamás dejen de mirar el balón. Jamás renuncien a su estado mental de agresividad. No den pelota por perdida. No dejen de cubrir el claro dejado por un compañero lateral en proyección ofensiva. Jamás regresen a la cobertura dando la espalda al balón. Pressing azul: flotación, aproximación y triangulación sobre el poseedor del balón. 
Lo innegociable para el entrenador: nunca se debe invadir la zona de un compañero en la zaga, sería superponerse. No se puede dejar cabecear al atacante rival en soledad. Hay que jugar con los perfiles al agrandar la cancha o al replegar. Ninguna línea puede salir caminando para achicar. Cuando se sale por el medio con manejo, el juego debe hacerse a dos toques. Fútbol fluido, combinación fácil. Hacer correr la pelota de rastrón. Ordenarse en torno al balón como forma de desordenar al rival, le concede ventaja cuando lo pierde, ya que está cubierto posicionalmente.

Ab. Roberto Bonafont - @RobertoBonafont
COLUMNISTA