viernes, 24 de octubre de 2014

Inteligencia sin fecha de vencimiento.


Rubén Israel coloca cuatro jugadores por dentro en la medular: 
Uno fijo (Bolaños controla y somete) para dividir al adversario. Otro defendiendo a base de posesión (Matías) y dos capaces de convertirse en extremos o interiores flexibles en ataque (Suárez y Penilla).   Talentos que abren el campo para crear pasillos centrales en la defensa rival por donde penetran Matías, Jackson Quiñónez, Ely o Martínez componiendo triángulos de distinto tamaño y orientación. 

La fluidez del juego y la circulación del balón unifica criterios. 
Sin salida de pelota los interiores quedan anulados. No se puede ralentizar la circulación de la pelota. El pase horizontal resulta el medio imprescindible para sentenciar en vertical. 

Ópera prima: primero dominar el balón para que el equipo se mueva bien. Lo segundo es el sistema, el que varía de acuerdo al oponente. Pocas veces se ve a jugadores amarillos iniciar acciones individuales por su riesgo. Por contrato está prohibido perder la pelota en la salida. 

La figura es Ismael Blanco. Nunca se sabe lo que va hacer. Es un trueno en el momento preciso para abrir la puerta del área y  derrotar a todos. 
Delantero prodigioso. Cuando todos corren, él camina y eso provoca la aparición de espacios. Es tan buena su definición, como su participación previa en la jugada. No está sino que aparece y a la marca sólo le queda tirar el cuerpo atrás y rezar. El killer no firma treguas. Un teórico nueve puro. La clave está en su contexto. Levanta la cabeza antes de recibir, se anticipa en ver la jugada. Es igual a todos los distintos.

Ab. Roberto Bonafont - @RobertoBonafont
COLUMNISTA