viernes, 4 de abril de 2014

Enner juega cerca del aplauso


Tiene un fútbol veloz, sinfónico; claro en el primer pase. Le sale el genio, los espacios aparecen y se convierte en la llave de su equipo. Un concepto asimilado: gambetea casi sin tocar la pelota.
Es tan alucinante su amague engañador frente al adversario que sale al encuentro, que ese mismo rival le abre el camino al moverse siguiendo el amague y cae en la distracción.
Cuando va a buscarla arriba impulsado por un trampolín invisible, parece quedar suspendido en el aire para atacar la pelota de gol. Se eleva con tal facilidad, desde cualquier posición, que con frecuencia su cabeza llega más alto que el guantazo del arquero. 
Enrique Meza DT de Pachuca ubicó a Enner de ariete terminal para ganar gol y estilo; el extremo de fútbol atrayente, como activado por un infalible mecanismo de relojería se convirtió en goleador de su equipo y del torneo mexicano con nueve anotaciones, compartiendo la tabla con Martín Bravo. 
La leyenda de Enner tiene dos bases reales de sustentación: pique, freno y remate arrasador. Un remate que hace ruido y mete miedo.    Lo saca en breve espacio, sin acomodarse, sin necesidad de rectificar el perfil cuando entra en diagonal respecto al arco y debe tirar cruzado. 
Lo más extraordinario es su diversidad: ubicándose adentro, esperándola, o llegando de atrás; puede hacer goles de zambullida o dejar el tendal detrás de su deslizamiento fantástico . Está en segunda jugada, en el tejido fino o en la cortada larga. Cañonero, oportunista cuando la zaga rival comienza a flaquear. Un talento que juega cerca del aplauso.
Ab. Roberto Bonafont - @RobertoBonafont
COLUMNISTA