viernes, 26 de agosto de 2016

Punto de giro.


Un mediocampista no está acostumbrado a tener un rival literalmente adherido en marca para negarle el balón hasta niveles irreales. 
Un delantero, sí. El delantero sabe resolverlo, creando claros con movimientos posicionales. Dicho de otra forma, Vera trata de irse, arrastrando con él al marcador, para que Díaz irrumpa ocupando el espacio que Vera deja, sin tocar el balón. Es imprescindible que el movimiento que hace Vera vaya acompañado por otro giro, el de Damián, este si con pelota. 
Toque y orden: El pase que es la esencia del juego no solo asegura la pelota sino que da equilibrio a un equipo corto que al adversario le quita tiempo para pensar. Por las bandas se recobró la serenidad perdida y la reflexión postergada: Pineida es explosión. Apunta a la sorpresa; se atreve al uno contra uno y abre el campo; asiste para la segunda jugada. 
Eficacia pura, no fuego de artificio. Velasco: su achique es un artilugio, una manera de quitarle la pelota al extremo y bajonearlo. Tiene pase, sin pase no hay desborde. Sensibilidad y justeza en el último toque. Diestra infalible de impacto seco y rotundo. La creatividad requiere el valor de desprenderse de las certezas. 
Damián con gambeta de izquierda al arquero lo hace ladear y con gancho de derecha lo dobla. Dirige el balón de rastrón a 10 centímetros del palo y desde 30 metros nadie está a salvo si se levantó inspirado (8 goles). 
No hay defensa para evitarlo. Su pie junta y conecta a todo el equipo; las posesiones empiezan en él: 30 pases por partido con un 90% de acierto. Detrás de ese punto de giro preciso se oculta una formidable dimensión mística capaz de destrozar lo que se oponga.

AB. ROBERTO BONAFONT - @RobertoBonafont
COLUMNISTA