29 de marzo 2013.
La historia nos visitó sin avisar.
Caballero aprovechó un mal rechazo y tiró cruzado para anotar el 1-0, que dejó a Ecuador con el susto en el cuerpo y un hueco en el corazón. La labor creativa despertó en los pies de Montero, con magia fulminante. Achilier que había desarrollado marca y achique dejó un cabezazo en el horizontal. Ecuador y el valor de la pelota recuperada en campo rival. Trabajó la línea presionando al balón, cerró zonas de pase del adversario; laterales incorporados al ataque, extremos abiertos. Todo se redujo al último pase Mucha triangulación: buena resolución.
Montero acarició el lomo del balón y fue desconcertante; quebró el equilibrio de los cuerdos, la monotonía de lo correcto. Apareció cuando nadie lo presentía. Fue la ráfaga de lo imprevisto. El gurú creativo que convirtió en gol toda pelota cercana. El botín envejecido de Walter Ayoví conservó su esencia luminosa; lanzó un libre y el cabezazo de Felipao entre los centrales y el arquero fue tan mortal, como la picadura de una cobra (1-1). El cielo se puso a aplaudir y nosotros también. Ecuador se defendía con la pelota a 50 metros de su arco. Noboa de libre hizo un cambio de orientación para Montero, quien engañó a Piris con elegancia, metió sus zapatos de bailarín de ballet con tapones y cruzó el balón al palo lejano: la fantasía y la realidad se dieron la mano (2-1). Noboa colocó un balón largo para Montero, la tragedia para el portero vagaba, otra vez como sombra cruel. Jeff fue puntual al poner la pelota sobre la cabeza de Benítez (3-1). Se escuchaban las trompetas de la gloria. En el último gol, Jeff hizo tres cambios de ritmo en una misma jugada, la exhibió, la mostró, apiló a cuatro adversarios, luego la despidió. La pelota no se quería ir de su lado por eso entró lentamente, pidiendo permiso a la red.
Ab. Roberto Bonafont - @RobertoBonafont
Columnista