Roris : especialista en quitarle la iniciativa al delantero Medina. El arquero, sin saberlo el atacante le propuso el lugar para que se la tire ahí. A veces atajó cerca de los palos; y en otras oportunidades se la jugó. Estudió a los rivales y eso alivió su trabajo. Los delanteros colombianos intentaron siempre tirarle la pelota de rastrón, por debajo de las piernas, porque querían agarrarlo caminando. Cuando lo buscaron desde lejos con balones llovidos no falló. La rebeldía fue su combustible ante las críticas, en la cancha encontró un escenario reparador.
Saucedo fue el líbero, que desconfió de todos: de los rivales y también de sus compañeros. No, podía arriesgar la posesión de la pelota. Detrás de su ubicación nadie podía enmendar el error. Si la perdía sólo quedaba el indefenso arquero para salvar al culpable.
Confiarse de alguien era pagar con la vida.
Pavel se recostó más hacia la derecha tratando de apoyar al volante lateral Ibarra. No encontró nunca la distancia entre hacer la cobertura y no abandonar su posición. Lo mejor de Pavel fue su cabezazo directo, bajada de pelota, anticipo defensivo. Dentro del área marcó de adelante, no de atrás. No tomó al rival para inmovilizarlo.
Jefferson Hurtado creó superioridad desde la defensa a partir de sus traslaciones de posesión de pelota desde atrás. Posesión absoluta. Dinámica y fluidez. Interpretó bien el achique. Achique no es tirar fuera de juego. Achicar espacios es: cuando se pierde la pelota, hay que intentar estar juntos para recuperar cuanto antes.
Lo que da organización al equipo es la pelota, porque la pelota genera participación.Y cuando se perdió la pelota, Hurtado estaba armado para recuperarla. Sin el balón el fútbol es sufrimiento.
Nazareno: siempre descargó hacia afuera. Llegó a la línea de fondo, con un defensor pegado a su perfil. Tiró con efecto para que algún compañero la enganche. Era un recurso. Cuando la tiró fuerte llegó un delantero mirando los palos o le pegó a un defensor. Algo siempre ocurrió, porque para la cobertura colombiana fue difícil despejar la pelota. Hurtado armó bien la pierna. Intuyó. Cuando cruzó la linea del medio campo se anticipó a los defensores. Amagó, llegó a recibir y luego buscó el espacio. Trasladó mucho sin chocar. Su cambio de frente rompió la presión adversaria.
Ibarra no manejó la improvisación coherente que debe tener un lateral. No tuvo un arranque feliz, en la intención y en la concreción. Las ansiedades y las urgencias conspiraron contra su rendimiento individual. Ibarra es más de lo que mostró. Estaba caído de genio.
Daniel Mina: medio centro posicional jugó por delante de la línea de los tres centrales. Fue la referencia en el centro del campo. Sin recorrido: aportó una labor fundamental que permitió a sus compañeros a perder la posición buscando la presión al poseedor del balón, sin miedo a perder la zona. Salió por lesión.
Luis Caicedo: guardó la posición de Mina. No corrió demasiado. Seleccionó asistencias para otorgar continuidad al juego. Con poca visión y tiempo para crear. Prefirió dar asistencias a 5 o 10 metros. Caicedo es un jugador que puede mezclar el pase corto con el desplazamiento largo de pelota, para agarrar por sorpresa a la defensa contraria.
Oyola: contención, salida, creación y profundidad. Toque de balón insuperable, pone fuerza y puntería. Le puede llegar un balón lento de un compañero a menos de dos metros: su primer toque es mover la pelota a 50 metros al hombre que está iniciando la carrera. Esa es su magia, además de su carácter ganador.
Palacios: abrió el campo, se ofreció en largo. Se la jugó. Alternó el regate: una vez por dentro, una por fuera. Comenzó de extremo diestro y terminó de lateral. Buscó el lado menos protegido del rival. Superó la primera línea de oposición. Se frenó y amagó, le mintió a la marca rival que se detenía, y se volvió a ir, y como los que saben, con la cabeza alta dejó la marca en el piso, y siguió su vuelo con gambeta sobria y ganadora.
Marangoni: Dentro de una sinfónica, aunque cuente con los mejores intérpretes, si no hay un director, la partitura surge fría y sin vida. Y el fútbol tiene mucho de sinfonía.
El tiempo será testigo.
Texeira: el torturador de arqueros. Porque sus pies son los más grandes del equipo. Llegan desde donde Rodrigo se encuentra hasta la red contraria. Olfato y ambición. Ni virtuoso, ni artista, ni calculador. Sólo fuerza empuje, tenacidad para llevarse gente por delante, fiereza para absorber choques y golpes y ganas. Su pelota aún no ha tomado sabor de pasto.
Romario Caicedo
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